politico-corruptoGUILLERMO CABIESES 

A un emperador romano le pidieron que actúe como juez en una contienda de canto entre dos participantes. Luego de escuchar al primer concursante el emperador decidió darle el premio al segundo asumiendo que éste no podía cantar peor que su predecesor.

VÍCTOR PAVÓN 

Mucho se dirá sobre el señor Hugo Chávez. De su vida se encargarán sus acólitos y biógrafos, después de todo fue un dirigente importante de Venezuela y mentor de toda una línea de pensamiento que muchos desean emular porque en el fondo les encantaría ser como Chávez, líder encantador de masas y distribuidor de riqueza —la de los demás por supuesto— jamás la del selecto grupo que ostenta el poder.

Pero prefiero referirme a Chávez como el director de una estrategia basada en el sentimiento anti política. Esto debe servir de ejemplo a nuestros políticos aquí en Paraguay para que no cometan o mejor dicho no sigan cometiendo los mismos errores que hicieron de Chávez el líder mesiánico que fue.

Esto del sentimiento anti política no es difícil de entender si lo ubicamos a Chávez en sus inicios y cuáles fueron las señales que él vio. Ocurre que antes que aparezca Chávez los políticos venezolanos se encargaron de hacer tabla rasa de lo que significan las promesas electorales, algo que suena demasiado conocido por aquí. Se promete de todo, pero los resultados no llegan, y no llegan porque los que prometen mienten. Si ni siquiera saben el qué de sus propuestas, cómo pedirles el cómo de sus soluciones.

CARLOS HERRERA

(X fragmento del libro inédito "Apuntes sobre la Sociedad Abierta")

Muy ligado al tema de la cultura, está el asunto de la interpretación de la historia. De hasta qué punto entiende bien una sociedad la historia (la suya y la del mundo) depende que mejore o permanezca estancada. Los intelectuales y las clases dirigentes juegan en esto un rol capital, porque constituyen los sectores mas idóneos para asimilar el mundo de las ideas políticas.

            De ahí que si alguna cosa importante nos legó el marxismo, fue una herramienta para la interpretación de la historia social. Porque aunque muchas de sus afirmaciones no eran ciertas (en relación a la teoría de la lucha de clases y a la interpretación materialista de la historia, puede verse hoy, con claridad meridiana, que los intereses de las clases sociales no son antagónicos y que la forma en la que una sociedad organiza su producción, no define sino parcialmente el orden superior –leyes, instituciones políticas- porque también juegan un rol importante los valores, la idiosincrasia y las costumbres) la idea que el movimiento y el cambio en la sociedad responde parcialmente al juego de los intereses personales y de grupo, es cierta.

 Sin embargo, una cosa es que esto sea cierto y otra muy diferente interpretar que todo sea resultado de la pugna entre clases o sectores, porque lo que la modernidad muestra es que el progreso y el movimiento social devienen más bien del trabajo asociado entre los diversos sectores sociales, es decir, de un ensamblaje social que le asigne un rol productivo a cada persona o grupo corporativo. Un ejemplo claro de esto es el propio régimen democrático de gobierno, que no ha sido imposición de ninguna clase sino más bien un acuerdo político general, como resultado de una nueva concepción sobre el valor de la persona y sus derechos básicos.

JAVIER PAZ 

Si en un grupo de tres personas integrado por dos hombres y una mujer, uno de ellos decide hacer una votación para violar sexualmente a la dama y en dicha votación gana el sí con el voto de los dos hombres, a nadie se le ocurriría justificar semejante acto bajo el argumento de que la decisión fue democrática. Sin embargo muchos están dispuestos a justificar los atropellos que cometen gobernantes populistas y autoritarios bajo el pretexto de que la mayoría los apoya. Y de esa manera los caudillos roban, confiscan lo que ha sido fruto del trabajo ajeno, persiguen y encarcelan a quienes no han cometido otro delito que discrepar con el jefazo, mienten y reniegan de su palabra empeñada, tuercen las leyes a su favor, compran o intimidan a jueces y fiscales para que prevariquen, violan la constitución y las leyes que han jurado cumplir.