torreeiffelJUAN RAMÓN RALLO 

Entre los innumerables problemas que afectan a gran parte de las esclerotizadas economías europeas (Estados mastodónticos que asfixian fiscal y regulatoriamente a un atrofiado sector privado), hay uno que destaca sobre los demás: la permanente inestabilidad institucional y la cierta sensación de que el continente puede romperse por cualquier lado.

CARLOS HERRERA

(VIII Fragmento del libro inédito "Apuntes sobre la Sociedad Abierta")  

¿A qué se refiere este asunto? Pues nada menos que a la organización de los niveles del Poder Público dentro de un país. Es decir, a la estructura de los Poderes Públicos y a su ámbito de competencia territorial. En palabras simples, si por ejemplo, un solo Poder Judicial rige para todo el país o si por el contrario hay niveles regionales autónomos dentro del Poder Judicial.

Este asunto de cómo se ordena el Poder en el territorio, responde entonces a dos criterios: si aquel está concentrado en un Poder único para toda la nación, o si está estratificado por regiones. Es decir, si el Poder está centralizado o descentralizado. Poder centralizado quiere decir también decisiones únicas o decisiones tomadas por unos pocos; Poder descentralizado quiere decir lo contrario.

Nosotros, por ejemplo, somos un país con el Poder centralizado, porque sólo el Poder central tiene potestad legislativa, no los poderes regionales, no obstante que tenemos la figura de la Autonomía inserta en la norma básica. En Bolivia el Estado Central o el Gobierno Central, no sólo concentra en sí mismo una parte mayoritaria del régimen de competencias (la facultad de tomar decisiones por materia) sino que tiene la facultad única de dictar las normas nacionales; por eso decimos que somos un Estado centralizado.
En un país con Estado centralizado, los poderes regionales están organizados de modo jerárquico, es decir, en relación de subordinación con un centro único. Esto es, que el Poder Judicial, el Legislativo y el Ejecutivo son uno sólo para todo el país y con competencias nacionales.

OVIDIO ROCA 

"El mundo quiere que lo engañen": Kierkegaard.
“Porque me quiere me aporrea”: filosofía llajtamasi.

Tiempo atrás en Matanzas (Cuba) unos vecinos de mesa y con varias frías encima me comentaban sobre su revolución: “Al principio vivimos bien y esto duró mientras repartimos los bienes de los que se fueron, luego vivimos de los rusos que pagaban por tener un puesto de avanzada (para su juego de la guerra fría) frente al Imperialismo norteamericano. Cuando cayeron los rusos lo pasamos re mal, pero ya el pueblo estaba apendejado e incapaz de protestar y resistir. Por suerte apareció Chávez y nuevamente pudimos comer. Ahora rezamos para que no se nos muera”.

Históricamente el modelo socialista de estatizaciones y dirigismo de la economía ha demostrado ser la mas efectiva receta para el fracaso, y peor aun cuando los ejecutores son incompetentes y corruptos. Pero hay que reconocer, que en su afán de mantenerse en el gobierno los socialistas han desarrollado algo en lo que ahora son maestros, los sistemas de espionaje, de terror, de destrucción de todo mecanismo de libre expresión y pensamiento; de ahí que ahora en Venezuela, Ecuador y Bolivia los servicios de inteligencia y los que expiden cedulas de identidad y pasaportes, están en manos o tienen apoyo de los cubanos castristas.

Los fracasos del comunismo son patentes y dramáticos y así lo aseveran los sobrevivientes de esos desgraciados países: Rusia, China, Viet Nam, Cuba, Corea y la forma de verificarlo es simple, ir al terreno. Si los militantes socialistas quisieran ver la realidad del modelo comunista y sus nefastos impactos sobre la economía, la libertad y la vida de los ciudadanos, tendrían que ir hoy a Cuba y Corea, no como invitados del régimen, sino como pueblo llano, para saber lo que es canela. Pero no son tontos, cuando cayó el experimento Allendista en Chile, los comunistas no viajaron a Cuba, fueron a Suecia y a Bélgica a vivir parasitariamente y lo mismo hicieron los izquierdistas bolivianos cuando Banzer.

MARIO VARGAS LLOSA

Las bendiciones de la libertad y los peligros de su opuesto pueden verse en todo el mundo. Es por esto que me he dedicado apasionadamente a impulsar la idea de la libertad personal en mis obras.
Luego de abandonar los mitos marxistas que se arraigaron en tantos otros de mi generación, pronto comencé a creer genuinamente que había encontrado una verdad que debía ser compartida en la mejor forma que conocía, a través del arte de las letras. Los críticos de izquierda y de derecha a menudo a han alabado mis novelas, tan sólo para distanciarse de las ideas que he expresado. No creo que mi obra pueda ser separada de sus ideales.

La función del novelista es contar verdades universales y eternas a través de una cierta narrativa. La significancia de una historia como una pieza de arte no puede divorciarse de su mensaje, no más que los prospectos de libertad y prosperidad de una sociedad pueden ser separados de sus principios subyacentes. El escritor y el hombre son uno y el mismo, al igual que la cultura y sus creencias comunes. En mi escritura y en mi vida he seguido una visión no sólo para inspirar a mis lectores, sino para compartir mi sueño de lo que podemos aspirar a construir en nuestro mundo.
Aquellos que aman la libertad a menudo son ridiculizados por su idealismo y a veces podemos sentirnos solos, ya que parece que hay muy pocos dedicados a los ideales del verdadero "liberalismo".

En Estados Unidos, el término "liberal" se ha asociado con la izquierda, socialismo y un papel ambicioso para el gobierno en la economía. Muchos de los que describen sus políticas como "liberales" favorecen enfáticamente medidas que desean hacer a un lado la libre empresa. Algunos de los que se autodenominan como liberales muestran una hostilidad aún mayor hacia los negocios, protestando a viva voz la idea misma de la libertad económica y promoviendo una visión de la sociedad no muy diferente de los fallidos experimentos utópicos de los regímenes socialistas y fascistas de la historia.