MANUEL F. AYAU

Sinceramente creo que todos, tanto los de izquierda como los de derecha, queremos que nuestro país cambie y prospere, aunque algunos creen ser los únicos de buena voluntad. Hay pícaros en ambos campos, pero son relativamente pocos. Siempre he creído en “ama a tu prójimo como a ti mismo”, refrán que nos responsabiliza a no descuidar a los demás. La empatía es parte de nuestra naturaleza común y la discusión debe centrarse en cómo lograr mayor prosperidad.

Podemos seguir recordando los tiempos coloniales, cuando vino una pequeña población europea a un país latinoamericano prácticamente inhabitado, donde para que se cultivara la tierra había que regalarla, ya que los habitantes sólo tenían herramientas rudimentarias, no tenían capital, ni mercados para sus productos. Entonces privaba la autosuficiencia familiar y se prosperaba bajo condiciones especiales y privilegios otorgados por el gobierno (mercantilismo). No podemos corregir el pasado, pero sí podemos cambiar el futuro.

Una frecuente propuesta es repartir el producto de la cooperación social en forma más pareja, redistribuyendo coercitivamente la riqueza a través de altos impuestos, para que no haya tantos pobres, en contraste con muy pocos ricos. Eso presenta dificultades que nadie ha logrado superar; sólo se habla y se supone lo justo que resultaría.

VÍCTOR PAVÓN

En Latinoamérica es muy común hacer uso en el lenguaje político de caracterizaciones bélicas así como recurrir a ciertos personajes como el Che Guevara —un revolucionario asesino. La razón de esta tendencia se encuentra en que muchos todavía consideran a la sociedad política como un campo de batalla. Y como todo campo de guerra hay que aplastar a los que opongan sin más trámite. Las masas de este modo se encuentran continuamente enardecidas. Por allá los malos y por aquí los buenos, que es lo mismo que decir, empresarios contra trabajadores, proletarios contra burgueses, etc. La cooperación social que promueve la paz y el progreso es desconocida y contraria al ideario programa de casi todas las agrupaciones políticas. Por supuesto, nuestros estados latinoamericanos son como un botín de guerra a ser asaltado, consecuencia del estatismo reinante donde poco o nada se encuentra fuera de la órbita gubernamental.

A nadie se le ocurre gobernar para la nación defendiendo los derechos individuales, sino para el grupo dominante conformado por hordas de seguidores dispuestos a obedecer más que a criticar. A pocos políticos se les ocurría decir que la propiedad privada y la libertad individual están por encima de los intereses de burócratas, asesores, tecnócratas y funcionarios que viven del Estado. Este mal enraizado en nuestras culturas latinoamericanas se debe a la tendencia de querer glorificar el poder político. No son héroes los emprendedores, innovadores y educadores que crean riqueza, puestos laborales y promueven el conocimiento, sino los que ocupan un cargo público, los políticos y funcionarios que utilizan el aparato estatal para distribuir prebendas y canonjías. Los valores éticos de la sociedad están como cabeza para abajo.

montanerescritorCARLOS ALBERTO MONTANER

Comienzo estos papeles aludiendo al último tercio del siglo XVIII, cuando se forjó nuestro mundo contemporáneo desde el punto de vista político, jurídico, y, en gran medida, económico.

TOM G. PALMER

El acontecimiento más importante de los últimos mil años ha sido la expansión de la libertad, ya que la libertad es en sí misma importante y, además, porque ha hecho posible virtualmente todos los demás logros de la humanidad, en las ciencias, las artes y en el bienestar material.

Por tal motivo, yo pienso que el primero de los sucesos más significativos de los últimos mil años ocurrió en marzo de 1075, cuando el Papa Gregorio VII proclamó el "Dictatus Papae", donde formalmente anunciaba la independencia de la Iglesia del estado, a la vez que la potestad de la Iglesia de fiscalizar al estado. El artículo 27 dice: "El Papa puede eximir de obligación a los súbditos de hombres injustos". El gran historiador Lord Acton escribió: "A esa lucha de 400 años le debemos el surgimiento de la libertad civil... el objetivo de ambos bandos era la autoridad absoluta. Y aunque la libertad no era lo que buscaban, fue el recurso mediante el cual el poder temporal y el poder espiritual convocaron el respaldo de las naciones".

En un segundo lugar en mi lista está el crecimiento del constitucionalismo europeo. Especialmente notable para la tradición angloamericana fue la promulgación de la Carta Magna, el 19 de junio de 1215. La Carta Magna explícitamente limitó el poder real, estableciendo el principio del consentimiento de los gobernados, garantizando el derecho a debido proceso, al libre comercio y otros. Más tarde, estas y otras estipulaciones fueron incluidas en la constitución de Estados Unidos. Tercero sería la invención de la imprenta en 1436 o 1437 por Johann Gutenberg.