MART LAAR
Queridos amigos, señoras y señores:
Tengo el alto honor de aceptar el premio Milton Friedman. Este premio no es solo para mí; sino también para toda la gente que hizo posible el milagro de Estonia.
Eduardo Bowles
El pensador florentino Nicolás Maquiavelo, mentor de muchos líderes políticos a lo largo de la historia -incluyendo a los actuales que de la boca para afuera manifiestan seguir a Marx o Mao-, decía que un gobernante debe cuidar mejor la propiedad que la vida de los súbditos de un reino, pues las personas nunca perdonan cuando les arrebatan su patrimonio.
Eso nos debe llevar a reflexionar con mucho detenimiento en este país, donde según las denuncias de los empresarios, más de cien establecimientos mineros administrados por empresas privadas han sido avasalladas durante los últimos meses, por grupos de campesinos y cooperativistas que gozan de la anuencia del Gobierno. Mientras esto sucede en el occidente del país, en el oriente boliviano, también se cuentan por centenares las propiedades productivas que son el blanco todos los días de la invasión de estos sectores que gozan de la impunidad, de recursos para movilizarse y de la protección política para organizar sus actividades delictivas.
ARMANDO MÉNDEZ
No cabe duda que toda sociedad, por más evolucionada que esté, tiene conflictos. La forma de administrar ese conflicto, en el largo pasado de la humanidad, fue el autoritarismo político de quien gobernaba a un determinado grupo social y en un área geográfica también de alguna manera definida.
Recién en los últimos dos siglos, el Gobierno de los pueblos toma la forma democrática representativa con el propósito no de eliminar el conflicto sino de resolverlo de manera civilizada y racional.
El sistema democrático, con este propósito, ha creado lo que se llama Poder Legislativo, la “Cámara de Representantes del Pueblo”, el primer poder político de toda sociedad democráticamente moderna y consolidada, que es el lugar del debate, del “parle”, del amarre, el lugar donde se discuten y se resuelven los conflictos sociales, no los individuales. Estos últimos se resuelven en otra parte. En los mercados si son económicos. Si son de otra índole, el lugar es en el seno de las familias.
GABRIELA CALDERÓN
La semana pasada describí cómo se han destruido las instituciones en Ecuador pero algunos dicen que mi relato no es justo, pues “el pueblo apoyó todo esto en las urnas”. Pero, ¿son infalibles las mayorías? ¿Es la opinión de una mayoría circunstancial el único límite a los poderes del gobierno? Esto requiere una discusión de lo que entendemos por Estado de Derecho.
La Universidad Francisco Marroquín de Guatemala publicó en 2011 la traducción de la serie de conferencias que el Premio Nobel Friedrich A. Hayek dictó en Egipto en 1955. El libro se titula El ideal político del Estado de Derecho y allí el autor define lo que es un Estado de Derecho, traza su origen histórico y explica por qué lo considera esencial para conservar una sociedad libre.
Según Hayek, la primera afirmación del Estado de Derecho fue introducida en 1610 en el parlamento inglés. En 1690 se publica el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil donde el filósofo inglés John Locke afirma que “No es libertad estar sujeto a la voluntad inconstante, desconocida y arbitraria de otro hombre”.
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