Economía

FUNDACIÓN MILENIO 1982-2002: Política económica en Democracia (Del 21060 a la capitalización)

La estabilización

“Parar la inflación es la mejor manera de luchar contra la pobreza”, enfatizó el candidato parlamentario en el debate, con su extraño acento gringo. Poco después, Paz Estenssoro lo pondría a diseñar una política de shock para lograrlo, encomendándole su aplicación.

En ese año de 1985 la inflación galopaba rompiendo récords mundiales y las arcas fiscales estaban vacías. Las reservas internacionales eran negativas y el estado se encontraba imposibilitado de cubrir sus obligaciones.

“Nada de paquetes, les dijo Paz, todo tiene que estar escrito en un solo decreto”, y les cortó incluso las comunicaciones telefónicas. Ahí nació el decreto más famoso de la historia boliviana, el 21060.

Aunque Paz Estenssoro había logrado la presidencia desplazando a Bánzer, lo buscó para asegurar el necesario respaldo político a cambio de espacios claves de la gestión pública.

Como era previsible, los sindicatos convocaron a la protesta y el gobierno detuvo y confinó a los dirigentes. Había detectado que la población demandaba orden. Todo, sin embargo, estaba condicionado a lo que sucediera en la economía.

DANIEL LACALLE 

Que a estas alturas haya gente que se siga creyendo el cuento del multiplicador del gasto público en economías endeudadas y abiertas es sorprendente (lean), pero que sigamos concediéndole cualidades mágicas a la intervención gubernamental y monetaria es ya, cuando menos, enternecedor. Cuando se quiebra la confianza, ese halo de credibilidad que sostiene a los bancos centrales, no importa que se sigan sacando conejos de la chistera, la gente ya ha pillado el truco.

Tres errores que cometen los académicos al defender los estímulos:

– Que la tasa de ahorro de la economía se debe a factores monetarios, no a falta de demanda de crédito solvente.

– Que la acción gubernamental va a suplir la inversión productiva real vía gasto corriente.

– Que la tasa de ahorro con respecto a la inversión es una anomalía que debe revertirse vía represión financiera, y no el reflejo de la saturación de deuda y sobrecapacidad acumulada.

Los neokeynesianos -esos que han leído a Keynes para gastar, pero no para ahorrar ni bajar impuestos- otorgan un poder casi divino a todo gasto público y de ahí que, al olvidar las dos palabras borradas a Keynes, “rentabilidad real”, lanzan a las economías al estancamiento secular ignorando la productividad, la velocidad del dinero -que mide la actividad económica- y que los tipos no están bajando porque lo exijan los agentes económicos (si fuera así, se dispararía la inversión a tipos casi cero, y ocurre lo contrario). No, la represión financiera perpetua la sobrecapacidad, zombifica los sectores improductivos, se premia al endeudado y se penaliza al ahorrador, desplazando las decisiones de inversión y consumo. Eso sí, se le echa la culpa al mercado y a correr.

CARLOS MIRANDA

La caída de precios del petróleo ha tenido un especial impacto en las petroleras estatales latinoamericanas.

La política energética populista de los Kirchner ha convertido a Argentina en un neto importador de hidrocarburos. A postrimerías de su mandato, la señora Kirchner ha intentado revitalizar YPF y buscar el autoabastecimiento con la explotación de petróleo y gas de lutitas. En primera instancia los precios bajos aliviaron la cuenta en moneda dura por importaciones, pero por los precios bajos a boca de pozo, tarifas de transporte y precios al consumidor en un país que estaba en default, la posibilidad de lograr inversiones y autoabastecimiento fue lejana. Lo es aún con la política del nuevo Gobierno que con grandes dificultades está tratando de cambiar esa imagen.

AXEL KAISER 

Si hubiera que juzgar a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) por cómo han defendido y explicado el sistema en la última década, sin duda no merecerían seguir existiendo. Hace años algunos venimos advirtiendo que un sector ideologizado del país busca destruir el que constituye el pilar central del modelo económico actualmente en cuestión y hemos dicho que era cosa de tiempo para que se iniciara una masiva campaña en su contra. Les advertimos, años atrás, que debían tirar “toda la carne a la parrilla” en un país en que la mayoría no entiende los principios básicos del sistema. Lamentablemente, poco hicieron por dar la batalla por la imagen.

Al parecer nunca entendieron que lo que hay de fondo es un tema ideológico y comunicacional más que técnico y seguirá siendo así a pesar de las reformas de la Presidenta. Ninguna institución, dijo John Stuart Mill, subsiste el paso del tiempo si la opinión mayoritaria no la respalda y esa opinión, dijo el mismo Mill, la forman los intelectuales y difusores de ideas.

Daniel Kahneman, psicólogo de Princeton y premio Nobel de economía por sus investigaciones sobre cómo funciona nuestro cerebro en la toma de decisiones, dice que “una forma confiable de hacer creer a la gente falsedades es la repetición frecuente, pues la familiaridad no es fácilmente distinguible de la verdad”. La idea de que las AFP son un robo se ha repetido tanto, implícita o explícitamente, en todos los foros, medios de comunicación, universidades y otros que no es raro que hoy se esté poniendo en tela de juicio su subsistencia.