IAN VÁSQUEZ
El precio del petróleo cayó esta semana a su punto más bajo en 12 años —abajo de US$30 por barril—. En julio del 2008 llegó a US$147 por barril. El largo ‘boom’ en los precios de materias primas definitivamente ha terminado.
Esto pega fuerte a los países exportadores de petróleo. Entre ellos están las numerosas naciones lideradas por regímenes autoritarios que por tanto tiempo se beneficiaron de la bonanza, contribuyendo así a la “maldición de los recursos”, ese fenómeno en que las economías y libertades en los países con mucha riqueza de recursos naturales frecuentemente se ven perjudicadas.
El desplome del petróleo ha hecho mucho más para debilitar tales regímenes —desde el ruso hasta el venezolano— que un sinfín de medidas diplomáticas, sanciones u otras políticas diseñadas para tal propósito. (Los esfuerzos de la oposición venezolana han sido necesarios y admirables, pero el hecho de que se le está acabando rápidamente el dinero al gobierno derrochador es un golpe del que no se recuperará).
¿Qué explica el nuevo precio del petróleo? Por el lado de la oferta, hay tres factores importantes. Uno es lo ocurrido en Estados Unidos. La revolución energética del gas y petróleo ‘shale’ (esquisto) ha bajado el precio de la energía y convertido al país en el mayor productor mundial de petróleo, cosa impensable hace pocos años. Esa manera no convencional de explotar roca esquisto se debe a su vez al hecho que las instituciones de mercado que existen en Estados Unidos premian a la innovación, que en este caso respondió a los altos precios del mercado. Lo mismo está ocurriendo en Canadá. Y, el mes pasado, Estados Unidos puso fin a su prohibición de exportar petróleo, aumentando así la competencia en el mercado global de ese bien
EDUARDO BOWLES
El Gobierno ha abandonado la tesis del blindaje y aunque de forma muy tenue, ha comenzado a reconocer que las cosas no andan bien en materia económica. Faltaba más, con una reducción de casi 4.500 millones de dólares de ingresos y una caída de dos mil millones en las reservas, cualquiera se daría cuenta que la situación es complicada.
CARLOS MIRANDA
Tres acontecimientos ocurridos a finales del año pasado han establecido una especie de marco para el desarrollo futuro de esta industria energética.
El Acuerdo de París, un convenio internacional de un plan sostenido y a largo plazo para evitar la emisión de gases que provocan el calentamiento del planeta, es el más importante.
Por otro lado, en la última reunión anual de OPEP se ratificó la política de no reducir producción y elevar precios para enfrentar sobreofertas de petróleo. Se ha dejado al mercado fijar cotizaciones y solucionar sobreofertas, lo cual significa que no se sabe hasta dónde descenderán los precios internacionales del petróleo.
VÍCTOR PAVÓN
La ley del Presupuesto 2016 que obliga al Estado central a depositar los fondos públicos en el Banco Nacional de Fomento (BNF) de Paraguay tuvo el apoyo de casi todos los sectores políticos. Dicen sus promotores: ¿Cómo es posible que los bancos privados lucren con tanto dinero del pueblo? ¿Acaso no es mejor que dichos fondos sean administrados por el Estado, cuyo propósito es el bien social antes que comercial? En síntesis, ¿por qué dejar que tanto dinero siga en la economía financiera antes que en la productiva?
La separación entre lo productivo y lo financiero implica no solo desconocimiento acerca de cómo funciona el mercado de intermediación de dinero, sino también mala intención que sólo beneficia a los populistas que hablan supuestamente a favor del pueblo pero los sentencian a la marginalidad, la miseria y el resentimiento.
La economía productiva y financiera no son compartimientos estancos como se insiste. El mercado financiero tiene el rol de coordinar a los agentes económicos para que los consumidores accedan a los bienes que desean y de ese modo producir y elevar la productividad. Es el mercado financiero el que actúa como una herramienta de señal para los ahorristas de modo a que éstos se decidan a depositar su dinero sabiendo de los riesgos que toma para luego verse beneficiado en el futuro por los intereses que le redituarán su abstención de consumo presente.
A diferencia de lo que todavía muchos políticos pretenden hacernos creer, el mercado financiero privado es por lo tanto también productivo. El constante proceso de cooperación que se da entre ahorristas e inversionistas reditúa en beneficio de muchísima gente —entre los que se encuentran los menos pudientes— al menor costo posible.
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