MAXIMILIANO BAUK
Si bien la palabra “proteccionista” suena a una ayuda del estado para con sus ciudadanos quitándoles a estos el peso de la dura competencia, esto no implica otra cosa que no sea pérdida de riqueza.
La división del trabajo hizo posible la especialización de las personas y con ella una productividad antes inalcanzable, es gracias a esto que en los hogares de hoy en día no es necesario ordeñar nuestras propias vacas, fabricar nuestros zapatos ni matar nuestras gallinas, en cambio un mecánico, por ejemplo, puede intercambiar sus servicios por dinero y comprarle al productor lácteo la leche, al zapatero los zapatos y al productor avícola el pollo. De esta manera cada uno se especializa en las tareas en las que es más eficiente ya sea por una habilidad natural o por el perfeccionamiento adquirido a lo largo del tiempo, por lo cual, al haber un mayor rendimiento, se eleva la cantidad de bienes y servicios disponibles, así, se satisfacen más necesidades, y, por lo tanto, se eleva nuestro nivel de vida.
Todo el mundo parece estar de acuerdo con lo dicho ya que nadie cree conveniente el auto-abastecimiento de los hogares; de hecho también se está de acuerdo en esto si hablamos ya a nivel nacional en donde los intercambios de bienes entre ciudades o provincias son incuestionados.
En todo intercambio ambas partes ganan, ya que lo que se entrega se aprecia menos de lo que se recibe, pues, de lo contrario, no se realizaría transacción alguna, pero este principio por alguna extraña razón parece no ser válido si se cruzan esas líneas imaginarias que son nuestras fronteras, en este caso el resto de los individuos del mundo dejan de ser un agente de cooperación, como lo son nuestros conciudadanos, para convertirse en una verdadera amenaza para nuestra economía.
FREDERIC BASTIAT (Extracto de un artículo titulado "El cristal roto")
“¿Ha sido usted alguna vez testigo de la cólera de un buen burgués Juan Buenhombre, cuando su terrible hijo acaba de romper un cristal de una ventana? Si alguna vez ha asistido a este espectáculo, seguramente habrá podido constatar que todos los asistentes, así fueran éstos treinta, parecen haberse puesto de acuerdo para ofrecer al propietario siempre el mismo consuelo: « La desdicha sirve para algo. Tales accidentes hacen funcionar la industria. Todo el mundo tiene que vivir. ¿Qué sería de los cristaleros, si nunca se rompieran cristales?
Mas, hay en esta fórmula de condolencia toda una teoría, que es bueno sorprender en flagrante delito, en este caso muy simple, dado que es exactamente la misma que, por desgracia, dirige la mayor parte de nuestras instituciones económicas. Suponiendo que haya que gastar seis francos para reparar el destrozo, si se quiere decir que el accidente hace llegar a la industria cristalera, que ayuda a dicha industria en seis francos, estoy de acuerdo, de ninguna manera lo contesto, razonamos justamente. El cristalero vendrá, hará la reparación, cobrará seis francos, se frotará las manos y bendecirá de todo corazón al terrible niño. Esto es lo que se ve.
Pero si, por deducción, se llega a la conclusión, como a menudo ocurre, que es bueno romper cristales, que esto hace circular el dinero, que ayuda a la industria en general, estoy obligado a gritar: ¡Alto ahí! Vuestra teoría se detiene en lo que se ve, no tiene en cuenta lo que no se ve.
No se ve que, puesto que nuestro burgués a gastado seis francos en una cosa, no podrá gastarlos en otra. No se ve que si él no hubiera tenido que reemplazar el cristal, habría reemplazado, por ejemplo, sus gastados zapatos o habría añadido un nuevo libro a su biblioteca. O sea, hubiera hecho de esos seis francos un uso que no efectuará.
Hagamos las cuentas para la industria en general. Estando el cristal roto, la industria cristalera es favorecida con seis francos; esto es lo que se ve. Si el cristal no se hubiera roto, la industria zapatera (o cualquier otra) habría sido favorecida con seis francos. Esto es lo que no se ve.
JAVIER PAZ
Muchos consideran la desigualdad económica como algo inherentemente malo e injusto. Tal valoración no toma en cuenta que la desigualdad es parcialmente una consecuencia de las diferentes aptitudes, vocaciones y grados de esfuerzo de las personas: personas como Bill Gates, Steve Jobs o Warren Buffet eran ciudadanos de clase media que hicieron sus fortunas gracias a su creatividad y su sagacidad empresarial
ARMANDO MÉNDEZ
En el siglo XVI se hizo dominante en Europa lo que se vino a denominar la etapa mercantilista de la economía. Una característica fundamental es la siguiente: En su relacionamiento con el mundo exterior lo importante son las exportaciones y no así las importaciones. Se busca una balanza comercial positiva, es decir hay que exportar más de lo que se importa. ¿Qué se debe hacer con la diferencia? En esos tiempos el medio de pago que regía el comercio internacional era el oro. Por tanto, lo que debía hacerse era acumular oro
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