CARLOS MIRANDA
Rusia abastece más del 30% el consumo europeo de gas natural. Reemplazar parcial o totalmente esa fuente se ha tornado geopolíticamente muy delicado y difícil. Técnicamente muy complicado.
Los optimistas creían que la provisión de gas ruso era una operación comercial, los pesimistas que venía acompañada de pretensiones políticas expansionistas
CARLOS ALBERTO MONTANER
Acaba de morirse a los 91 años. Fue una de las personas más influyentes del planeta en la segunda mitad del siglo XX. Se llamó Lee Kuan Yew y era un abogado chino formado en Londres.
MARY ANASTASIA O'GRADY
Para ser los ciudadanos de un país que se precia de tener uno de los períodos de crecimiento a largo plazo más espectaculares del mundo desde la década del 90, es increíble la poca confianza que tienen los peruanos. Hasta el momento, el país ha repelido el populismo autoritario que se extendió por Sudamérica desde que Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela en 1999. Su recompensa ha sido una expansión económica anual promedio de 5,1% durante 15 años hasta 2014, incluyendo sólo 1% en 2009, cuando el crecimiento global colapsó, y un desempeño mediocre el año pasado de apenas 2,4%.
El rápido crecimiento ha producido una vibrante clase de consumidores que es emprendedora y creativa. Centros comerciales, modernos supermercados y farmacias ahora cubren esta ciudad, que también incluye brillantes torres de oficinas y pequeños negocios. La demanda de educación privada entre los padres de la clase media aspiracional se está disparando a medida que rechazan el fallido sistema estatal.
El crédito se ha expandido rápidamente, pero con la caída de los precios de los commodities y la desaceleración de la economía global, puede que el crecimiento no llegue a 4% este año. Eso es demasiado bajo para cumplir con las expectativas crecientes. Los peruanos con los que hablé temen que en las próximas elecciones presidenciales, que se llevarán a cabo en abril de 2016, un electorado fluctuante ceda ante el populismo.
Las acusaciones de corrupción que involucran a la esposa del presidente Ollanta Humala y a un ex jefe de campaña del mandatario complican la situación para cualquier persona asociada con el sistema. Los simpatizantes locales del chavismo, que creen que Perú necesita un líder con mano dura, levantarán la falsa premisa de que la corrupción y la economía de mercado están ligadas de alguna forma.
GABRIELA CALDERÓN
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, menciona frecuentemente el "Consenso de Washington" (CW), asumiendo que todos sabemos a qué se refiere. No es así.
A pesar de que Correa escribió un capítulo de su tesis doctoral para criticar las reformas que él atribuye al CW, no lo explica ni cita a John Williamson, su autor. Si el entonces estudiante hubiese revisado lo propuesto por Williamson, se hubiese dado cuenta que en algunos puntos el llamado Consenso de Washington está más cerca de gente que piensa de la misma manera que él, como Daniel Rodrik de Harvard y Joseph Stiglitz de Columbia, que de quienes llama "neoliberales".
El Consenso de Washington fue escrito por un economista independiente que trabaja desde entonces en el Internacional Institute for Economics (ahora Peterson Institute for International Economics) de Washington, D.C. No se trataba de una política de estado del Gobierno de Estados Unidos ni una macabra conspiración del "imperio".
El CW fue adoptado parcial y voluntariamente por varios países latinoamericanos, cuando colapsó el modelo de desarrollo de substitución de importaciones, practicado desde los años cincuenta. Ese modelo otorgaba privilegios monopólicos a empresas que nunca dejaron de ser industrias incipientes y que desaparecen sin la protección gubernamental.
El CW aseveraba que la mayoría de las instituciones de investigación y de las agencias involucradas en la formulación de políticas públicas para el desarrollo concuerdan en los siguientes principios esenciales para el desarrollo: (1) disciplina fiscal; (2) reorganización del gasto público para canalizarlo hacia la atención médica básica, la educación primaria y la infraestructura; (3) reforma fiscal para reducir las tasas marginales de impuestos y aumentar así la recaudación total; (4) liberalizar las tasas de intereses; (5) sostener un tipo de cambio "competitivo"; (6) eliminar las restricciones cuantitativas al comercio y convertirlas en aranceles que luego serían reducidos paulatinamente hasta llegar a un arancel efectivo promedio de entre 10 y 20%; (7) liberalizar el flujo de inversión extranjera directa; (8) privatizar las empresas estatales; (9) eliminar las barreras al ingreso y salida del mercado, reduciendo trabas legales innecesarias y (10) fortalecer los derechos de propiedad privada.
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