AXEL KAISER
En la columna anterior vimos que toda persona que entra en una relación de intercambio lucra, pues espera un beneficio de lo que está recibiendo a cambio de lo que está entregando. Ambas partes son, por tanto, deudor y acreedor al mismo tiempo. Si usted compra una casa, por ejemplo, usted debe el dinero y el vendedor debe la casa. Cuando un estudiante va a la universidad ocurre lo mismo: él debe el dinero, o más bien lo que el dinero representa, y la universidad debe el bien de inversión que es la educación. Ambos lucran, es decir, se benefician, de lo contrario no existiría relación de intercambio voluntaria. Esto significa que el mercado, que es el conjunto de relaciones de intercambio voluntarias, solo puede existir si todos los involucrados consideran que se benefician de las transacciones que realizan.
El mercado es así un orden democrático por excelencia en que cada persona decide, dentro del desarrollo de su proyecto de vida, qué la beneficia y cuánto está dispuesta a dar para conseguir aquello que valora. Esto, a su vez, presupone un conocimiento que solo puede tener cada persona, pues nadie puede presumir saber mejor que nosotros lo que valoramos. Quien desee ganar dinero en este contexto no tiene más remedio que ver qué es lo que la gente quiere y ofrecerlo a los precios que esté dispuesta a pagar. Un empresario es así un mandatario de los consumidores que son en su mayoría trabajadores: no puede ofrecer otra cosa que la que estos quieren, ni cobrar otro precio que el que estos quieran o puedan pagar, de lo contrario quiebra. Así, el empresario, aunque no sea su intención, cumple una de las funciones sociales más importantes en una comunidad: la de colaborar con sus miembros mediante la creación de aquello que estos valoran y necesitan.
Sin emprendedores no puede existir ningún tipo de riqueza y las personas estaríamos obligadas a vivir en la extrema miseria, como fue la regla general en casi toda la historia humana. Ahora bien, es el lucro lo que indica si el empresario está cumpliendo con el mandato de los consumidores, es decir, si acaso está produciendo aquello que estos necesitan y valoran en un mundo de recursos escasos. Cuando en un mercado libre una empresa, sea del rubro que fuese, gana dinero, quiere decir que está cumpliendo con su rol de satisfacer deseos y necesidades de la comunidad. Si en cambio tiene pérdidas, significa que no está creando valor para la comunidad y esta la castiga haciéndola quebrar para que esos recursos se liberen y puedan ser usados por quien sí es capaz de cumplir ese rol.
LUIS GARICANO
Ante la posible llegada hoy de Syriza al poder, la mayoría de los observadores externos discuten y se preocupan principalmente con las consecuencias macroeconómicas. ¿Qué le sucederá a un país que decida restructurar la deuda en la eurozona? ¿Será Grecia expulsada del Euro? ¿Podrá renegociar la deuda con la eurozona? Se ha escrito mucho al respecto, y en este momento voy a dejar este tema (crucial por otra parte) de lado, después de notar simplemente que, si bien es cierto que el nivel de deuda en Grecia es excesivamente alto, los bajísimos intereses negociados con los Gobiernos europeos la hacen sostenible.
Pero Syriza no es solo un partido interesado en hacer una política de gestión de demanda diferente; no es un partido socialdemócrata que aspire a conjuntar la gestión de la demanda agregada con el sistema de mercado, la economía social de mercado de la Europa occidental de la posguerra. Syriza, como otros partidos de extrema izquierda, desconfía instintivamente del mercado, y es un partido netamente estatista.
Estas aspiraciones “microeconómicas” de Syriza nos retrotraen a una controversia histórica que dominó la economía en los años 30 y 40 del pasado siglo. La gran depresión creó una verdadera crisis del capitalismo y de la democracia. Los errores de política económica que se produjeron durante este período llevaron, en la arena política, a respuestas como el fascismo y el comunismo. Pero en la arena de la Economía teórica también se produjo una enorme controversia que ponía en cuestión el papel del capitalismo y su capacidad para llevar al pleno empleo a las economías occidentales.
CARLOS MIRANDA
Estados Unidos de Norteamérica ha sido el mayor productor y exportador de petróleo en el mundo hasta la II Guerra Mundial. Al solucionarse el conflicto, EEUU y Arabia Saudita establecieron una relación especial por el aumento del mercado interno norteamericano, que convirtió a ese país en un gran y creciente importador de petróleo.
A partir de 2004 varios productores independientes norteamericanos, sin ser parte de ninguna compañía petrolera tradicional, iniciaron trabajos para obtener petróleo y gas de las formaciones de lutitas petroleras (shale oil & gas) existentes en grandes extensiones de su país.
GABRIEL BORAGINA
A menudo solemos recibir burlas e ironías de diferente calibre por parte de los anticapitalistas a raíz de nuestra defensa del capitalismo como el mejor sistema económico conocido hasta la fecha. Una de esas ironías frecuentes que nos dirigen, es la de patrocinar al capitalismo como "panacea". La acusación es falsa, por cuanto no proponemos "panaceas". Recomendamos realidades. En nuestra opinión, quienes formulan panaceas que no se ajustan al mundo real son aquellos que sugieren "sistemas mixtos" o "intermedios". Esto es lo verdaderamente utópico. El capitalismo es realista. No tiene nada de utópico. Porque los modelos "mixtos" o intervencionistas son los que se vienen aplicando desde principios de la tercera década del siglo XX, y esta fue la causa en que desembocaran en el fascismo y el nazismo.
Precisamente los gobiernos y sus intelectuales, en sus esfuerzos por no caer bajo las garras del comunismo (que en aquel entonces amenazaba con expandirse), comenzaron a efectuar concesiones al socialismo, pensando que de dicha manera "evitarían" hundirse dentro de la órbita comunista soviética. Los políticos europeos especularon que agregando "un poco" de socialismo al capitalismo se "sortearía" el comunismo. Sucedió así que, sobre todo en Europa, se iniciaron los procesos intervencionistas o de "economía mixta" que intentaron "combinar" socialismo y capitalismo. Fueron estas torpes tentativas las que convergieron en los fenómenos del fascismo y el nazismo, de los cuales costó una trágica guerra mundial salir. Lo que demuestra el fracaso de la "panacea" socialdemócrata y su mecanismo "intermedio", "híbrido", "intervencionista" o "mixto".
Finalizada la segunda guerra, los países europeos comenzaron la tarea de reconstrucción, adoptando muy tibia y parcialmente algunos principios básicos de la economía capitalista: liberación de precios y salarios, reducción de impuestos y gasto público, fortalecimiento de la propiedad privada y otras pocas mas. Estas escasas medidas capitalistas, que se tomaron en forma meramente incipiente y por corto tiempo, produjeron un resultado espectacular, lo que se dio en llamar "el milagro alemán" consistente en el asombroso y meteórico restablecimiento de esa nación vencida y devastada por la guerra, pero que -como una onda expansiva- también favoreció a los demás países que habían estado involucrados en la contienda bélica. No cuesta mucho imaginar que si el capitalismo hubiera sido mayor en esa época, y practicado con mucha más intensidad, Europa sería hoy una potencia mundial a la par de los EEUU, o quizás por encima de estos
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