JUAN RAMÓN RALLO
La Unión Europea constituye el germen de un mega Estado continental: un nuevo nivel administrativo conducente a cartelizar a los actuales gobiernos nacionales para articular una política económica de carácter intervencionista aún más intrusiva que la actual.
IAN VÁSQUEZ
Hay tiempos en que apreciamos nuestras libertades más que en otras épocas. Suele suceder cuando las perdemos. Creo que el mundo está por entrar a una etapa en que la gente empieza a valorar más la libertad.
No pareciera así con el auge del autoritarismo, el nacionalismo o el populismo en países tan distintos como EE.UU., Rusia, China, España, Turquía, Francia y demás naciones europeas tanto del oeste como del este. Después de todo, este auge ha ocurrido en democracias y en regímenes no democráticos que cuentan con cierto apoyo popular.
Pero hemos visto esta película antes y el alto costo de las diferentes vertientes de populismo tarde o temprano hace que la gente añore sus libertades, como claramente ha ocurrido en la Venezuela bolivariana, para no hablar de otros casos de nuestra región.
El nuevo “Índice de libertad humana” nos permite valorar mejor y observar de manera más precisa el estado de la libertad global. Este segundo reporte anual —publicado esta semana por el Instituto Cato en EE.UU., el Instituto Fraser en Canada y el Instituto Liberales en Alemania, y del cual soy coautor con Tanja Porcnik— mide 79 indicadores en 159 países. La medición abarca libertades personales, civiles y económicas tales como la libertad de movimiento o de expresión, la seguridad, libertades de las mujeres y la libertad del comercio internacional, entre otras. Dado que la libertad tiene un valor inherente y juega un papel central en el progreso humano, consideramos que vale la pena medirla cuidadosamente.
Las jurisdicciones más libres del mundo, según el índice, son Hong Kong, Suiza, Nueva Zelanda, Irlanda y Dinamarca. En sexto lugar están empatados Canadá, el Reino Unido y Australia. Estados Unidos ocupa la posición 23. En América Latina los países más libres son Chile (29), Costa Rica (38), Uruguay (42) y Panamá (46). El Perú es el quinto país más libre de la región (53). Entre los países latinoamericanos menos libres se encuentran Argentina (103) y Venezuela (154).
MARÍA MARTY
La democracia nos trae la idea de un sistema que ha permitido a la gente, a lo largo de la historia, ser parte del Gobierno y escapar de absolutismos, despotismos, dictaduras y tiranías. Todavía recuerdo la alegría de todos los argentinos cuando en 1983, luego de más de siete años de dictadura militar, recuperamos la democracia y pudimos volver a las urnas.
En nuestras mentes, democracia es sinónimo de libertad de elección, libertad de expresión, libertad de acción. Y es antónimo de represión, censura y autoritarismo.
Podemos casi trazar un paralelismo entre democracia y la entrada a la vida adulta. Cuando cumplimos 18 años, en Argentina, ya no necesitamos de la autoridad de un tercero que nos diga qué decisiones tomar en nuestra vida. Ahora somos considerados adultos capaces de realizar elecciones racionales. Incluso, al cumplir los 18 años, se nos considera que estamos capacitados para elegir a nuestros gobernantes. Y la democracia, del mismo modo, es un sistema que se basa en la premisa de que los habitantes de un país están capacitados para tomar decisiones y elegir a sus propios gobernantes.
El problema surge cuando las bases sobre las que un sistema democrático debería apoyarse, pecan por su ausencia.
Pensemos en un adulto —con licencia de conducir— que cada vez que se sube a un auto, en vez de utilizarlo para mejorar la calidad de su propia vida, lo utiliza para chocar los autos de sus vecinos y atropellar a los peatones.
MARÍA MARTY
Luego de la viruela y el sarampión, el colectivismo es el virus que más vidas se ha cobrado a lo largo de la historia.
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