islamoyoindonesiaMARIO VARGAS LLOSA 

En la isla de Moyo las bandadas de monos, sin la menor incomodidad, suben y bajan de los árboles, juegan, se pelean, bombardean las tiendas con tamarindos,

ALBERTO MANSUETI 

Al liberalismo le hacen más daño ciertos “defensores” que todos sus detractores, que no son pocos, y son muy bravos. Por ej. muchos se dicen liberales por ser “amigos de la libertad”, o por defender “las ideas de la libertad”, expresiones vacías y gaseosas, imprecisas, carentes de contenido concreto, que no aluden a “Gobierno limitado”, privatizaciones, y conceptos liberales afines. No explican claramente cómo sería un sistema liberal de Gobierno, qué cambios o reformas se requieren, cuáles vías políticas son necesarias, cómo sería la transición desde lo presente.

CARLOS SABINO 

Es bien conocida la dramática situación económica y política que hoy vive Venezuela. Hay monstruosas colas para adquirir los pocos productos básicos que se ofrecen a precios regulados, aunque todavía pueden conseguirse alimentos y medicinas, pero a precios muchísimo mayores. La inflación es prácticamente incalculable, pero para los productos básicos ronda el 30% mensual; el país está endeudado al extremo y las reservas internacionales han disminuido sin cesar.

En el plano político las cosas no están mucho mejor: el gobierno mantiene presos políticos, reprime brutalmente manifestaciones populares y no respeta ni su propia constitución. Venezuela es una dictadura disfrazada con un débil ropaje democrático, donde no se respetan las instituciones ni las mínimas libertades políticas.

Suelen atribuirse estos males a lo que llamamos populismo, un término algo difícil de definir, pero que incluye: el gasto desmesurado del Estado para congraciarse con los más pobres, subsidios enormes, fijación de un tipo de cambio artificial para abaratar las importaciones y una retórica que estimula la división entre pobres y ricos. Y todo esto ha sucedido en el país sudamericano, es cierto.

Aprovechando los altos precios del petróleo el gobierno ha gastado sin mesura durante quince años los enormes ingresos que recibió, creando durante un tiempo una falsa sensación de bienestar que le rindió no poco apoyo. La realidad, sin embargo, les ha pasado factura: el dinero se ha acabado, no hay dólares suficientes para las importaciones y el país está endeudado más allá de lo que puede pagar. Pero hay algo más.

GORKA ECHAVARRÍA 

[Nota editorial: este artículo hemos decidido publicarlo como ejemplo de que incluso un crítico de Rothbard, pese a todo, no puede ignorar sus aportes a la teoría social en la economía y en la política]

En este breve artículo trataremos de explicar por qué su ideal de sociedad (sin Estado) es una utopía en los tiempos actuales, no sin antes recordar sus geniales aportaciones en otras áreas.

Rothbard despuntó desde muy pequeño por su inteligencia. Tras licenciarse en Estadística, entró en contacto con Ludwig von Mises, el maestro de Hayek. Se quedó tan prendado de su hondura intelectual que, a partir de ese momento, algo cambió en su vida. De Mises tomó su teoría económica, la praxeología, que estudia a partir de un hecho dado, la acción humana, los efectos de los intercambios, el papel del dinero y, en suma, toda la economía. Tanto para Mises como para Rothbard, la economía no es mera estadística ni unas leyes matemáticas que rigen la vida autómata de los humanos, porque aquélla es hija de la libertad de elegir.

Y así, analizando cómo funciona la economía, Rothbard encontró que su maestro no había ido lo suficientemente lejos. De hecho, se percató de que todas las “imperfecciones” que encontramos en la vida económica se deben a la perniciosa intervención del Estado. Así, llegó, entre otras, a la siguiente conclusión: los monopolios son resultado de las restricciones que impone el Estado para entrar en un mercado. Los ejemplos que podríamos citar son muchos, pero basta con uno: la televisión. Para ser dueño de una cadena no basta con haber acumulado suficiente capital y tener los medios para ello, además es preciso contar con el plácet gubernamental en forma de licencia.