conservadorAXEL KAISER

En su ensayo Por qué no soy conservador, Friedrich Hayek

WARREN ORBAUGH 

La mayoría supondrá que la democracia es el tipo de gobierno de una sociedad libre. Qué es un método para elegir gobernantes pacíficamente. Esta concepción es un error. La democracia es una forma de gobierno despótico que considera que el deseo de la mayoría es el único patrón para medir el bien y el mal; que justo es aquello que la mayoría decide. La concepción de ‘justicia’ de los demócratas conduce a la injusta confiscación de la propiedad de los acaudalados. Es un sistema en el cual, el trabajo, la propiedad, la mente, la libertad y la vida del individuo están a merced de cualquier facción o pandilla que reúna el voto de la mayoría para el propósito que quieran.

En la democracia se vota toda decisión política. Sin embargo, la votación no es la respuesta a los problemas del hombre. Por el contrario, el hacer de todo susceptible a voto es el problema. La votación popular no justifica un crimen por ser democrático. ¿Acaso el gobierno de Maduro en Venezuela, que reclama legitimidad al violar los derechos de los venezolanos porque su facción fue elegida democráticamente, es justo? Es como si el esposo que maltrata y le pega a su esposa reclamara legitimidad porque ésta se casó con él voluntariamente. El principio no es diferente si el criminal es el gobierno, y los votantes tus vecinos.

En su libro La Política, Aristóteles describe varias formas de Estados: el Estado Autocrático donde el soberano es un monarca; el Estado Aristocrático donde los soberanos son los mejores, los más virtuosos; el Estado Oligocrático, donde los más acaudalados son los soberanos; y el Estado Democrático donde los soberanos son los pobres que son la mayoría que gobiernan en su propio interés. El tipo de gobierno de los cuatro es despótico, es decir que la autoridad absoluta reside en el soberano y no está limitada por las leyes.

MAURICIO ROJAS 

El año pasado se cumplieron 70 años de la publicación de una de las obras más señeras del siglo XX: La sociedad abierta y sus enemigos. Su autor es el gran pensador austriaco Karl Popper (1902-1994), célebre por sus notables aportes tanto a la teoría del conocimiento científico como al pensamiento político y filosófico. En este contexto, quiero recordar algunas de las ideas fundamentales de una obra que sigue teniendo una tremenda actualidad, brindándonos algunas claves decisivas para comprender nuestro mundo y sus conflictos.

Karl Popper, como él mismo lo recuerda en su prefacio a la edición revisada de su libro, tomó la decisión definitiva de escribir La sociedad abierta y sus enemigos como respuesta a una circunstancia trágica: la entrada triunfal, en marzo de 1938, de Adolf Hitler en una Austria que lo recibió con los brazos abiertos. Pocas veces se ha visto un delirio tal por una causa tan delirante, y el hecho de ver a sus compatriotas en tal estado de alienación colectiva no podía sino consternar a esa alma tolerante y civilizada que era Popper.

Ante ello se planteó la pregunta que guiará su larga investigación por los recovecos del pensamiento occidental: ¿De dónde y por qué ha surgido esa ola terrible de totalitarismo que estaba inundando a Europa? Los rostros del totalitarismo eran diversos –nazismo, comunismo, fascismo– pero su esencia, el aplastamiento de la libertad individual a nombre de una utopía colectivista, era común y debía, por ello, tener una raíz común.

JAVIER PAZ 

Durante la época feudal, los siervos estaban amarrados a su señor feudal, trabajaban para él y no tenían la opción de buscar otro trabajo, ni negociar sus salarios. Los siervos eran esclavos del señor feudal. La esclavitud, una institución que viene desde la antigüedad, llegó a ser practicada incluso hasta el siglo XIX. Bajo esta institución, el esclavo no era dueño de su ser. El dueño de un esclavo, como si se tratara de una posesión material, podía disponer de él totalmente; definía en qué trabajaba el esclavo y cuánto iba a pagarle por su trabajo, y el pago, por supuesto, consistía solo en lecho y comida.