EDUARDO BOWLES
Cuando se observa lo que ocurre en Brasil, donde jueces y magistrados hacen respetar las leyes y la constitución frente a los patéticos intentos de Lula Da Silva de mantenerse en la impunidad, se entiende perfectamente aquello que sostienen muchos entendidos: la primera necesidad de países como el nuestro, no es comida, techo o vestimenta, sino justicia. Sin este requisito es impensable afrontar cualquiera de los otros graves problemas que nos afectan.
CARLOS ALBERTO MONTANER
Éste es uno de esos raros casos en los que conviene comenzar por el final.
HANA FISCHER
En estos días The Economist Intelligence Unit publicó su Democracy Index
H.C.F. MANSILLA
Las doctrinas más apreciadas en el país, como la iniciada por Franz Tamayo, han sido fundamentalmente antimodernistas, antiliberales y teluristas. El lenguaje radical se combina muy bien con una posición conservadora. Tamayo exhibe un carácter paternalista en el tratamiento de los indígenas: celebra la frugalidad y el laconismo de los indígenas, la radiante energía física, las magníficas condiciones morales de los mismos y el hecho de que encarnen un carácter formado por la “persistencia y la resistencia”, pero no les confiere aptitudes filosóficas o políticas. Tamayo postula un esencialismo positivo (las cualidades morales y físicas del indio), mezclado con un esencialismo negativo: el indio como privado por naturaleza de aptitudes superiores en los órdenes intelectual y político. Aquí radica el innegable paternalismo de Tamayo, quien consecuentemente nunca propuso una reforma agraria o algún programa revolucionario concreto en favor de los intereses indígenas.
La atmósfera cultural que envolvió a Tamayo, a los teluristas, a los socialistas y ahora a los indianistas fue calificada por Pablo Stefanoni como el “magma antiliberal”. Este autor llega a la conclusión de que el antiliberalismo ha sido la fuerza aglutinadora de la política y de la cultura bolivianas después de 1920. El antiliberalismo fue el caldo de cultivo tanto de concepciones filosóficas como de programas políticos y de modas literarias. Fue el denominador común de doctrinas conservadoras y nacionalistas, pero también de tendencias revolucionarias y marxistas.
Como resumen se puede aseverar lo siguiente. Todavía hoy liberal suena a un exceso de libertad, a un intento de no acatar las normas generales del orden social y al propósito de diferenciarse innecesariamente de los demás. Las consecuencias práctico-políticas de la modernidad racionalista y liberal no han sido aceptadas del todo en el ámbito boliviano, donde siguen produciendo una especie de alergia colectiva. El ejercicio efectivo de las libertades políticas y de los derechos humanos nunca ha sido algo bien visto por la colectividad boliviana de intelectuales.
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