MANUEL LLAMAS
Grecia no sólo es un país quebrado, sino una de las economías más pobres y menos desarrolladas de Europa desde hace décadas. Y ello, pese a seguir, curiosamente, los dictados de la izquierda radical, puesto que el Estado heleno se ha caracterizado por ser uno de los más intervencionistas de Europa (ocupaba el puesto 100 del ranking mundial sobre facilidad para hacer negocios cuando estalló la crisis del euro) y con uno de los mayores niveles de gasto público.
Y es que, el origen de la tragedia griega, muy al contrario de lo que defienden Syriza o Podemos, no radica en la pretendida austeridad, sino en su desbocado e insostenible sector público. Grecia fue el país de la UE que más aumentó su gasto público real (un 80% entre 1996 y 2008) y su deuda pública (un 400% superior a sus ingresos públicos en 2011) durante los felices años de la burbuja crediticia. Pero estas grandes cifras, siendo relevantes, se tradujeron en hechos muy concretos, cuya realidad ocultan hábilmente partidos como Syriza en Grecia o Podemos en España.
A continuación, se resumen las diez grandes vergüenzas de Grecia que la izquierda europea se niega a reconocer. La ruina helena es una historia llena de mentiras, despilfarros y una enorme hipocresía.
1. Mintieron sobre el déficit público
Lo primero que cabe señalar es que los políticos griegos ocultaron su déficit público real durante años. Cuando el nuevo gobierno de Atenas llegó al poder en 2009, se encontró un agujero fiscal equivalente al 14% del PIB, frente al dato oficial del 3,7% comunicado a Bruselas.
De un día para otro, el déficit pasó de 7.000 a cerca de 30.000 millones de euros, casi cuatro veces más. Este manifiesto engaño evidencia la enorme irresponsabilidad política de los distintos gobiernos griegos.
2. Atenas recurrió a la banca de inversión
HANA FISCHER
El escándalo en torno a Petrobras —la petrolera semiestatal brasilera— da pie para analizar el papel que cumplen las empresas públicas en nuestro continente.
En el caso concreto de Petrobras, la “Operación Lava Jato”, llevada a cabo por la policía y fiscales, sacó a la luz un colosal esquema de corrupción que involucra a exejecutivos de la petrolera, empresas de construcción y políticos de la coalición gobernante encabezada por el Partido de los Trabajadores (PT).
Según los datos preliminares, los integrantes de ese selecto “club” se quedaron con miles de millones de dólares de contratos de Petrobras.
Hasta el momento han sido detenidos 23 de los empresarios más ricos y poderosos del país. Entre los arrestados se encuentran presidentes y ex presidentes de las mayores constructoras brasileñas. Son acusados de haber organizado junto a directivos de Petrobras una red de sobornos, corrupción y lavado de dinero. Se calcula que en el período 2004-2012 desviaron más de US$ 3.000 millones. Sólo dos de las grandes compañías de construcción (Odebrecht y Andrade Gutierrez) han salido por ahora “limpias” de la investigación que se está llevando a cabo.
Según denunció Augusto Ribeiro de Mendonça Neto —ejecutivo de la constructora Toyo Setal— el esquema funcionaba desde 1990. Desde esa fecha, los pagos de sobornos a los directivos de Petrobras han sido rutinarios para aquellos que firmaban contratos con esa empresa. El encargado de hacer funcionar este engranaje era Renato Duque, quien ocupaba el cargo de director de Servicios de la petrolera estatal
JUAN RAMÓN RALLO
A raíz de mi último artículo sobre el giro de política monetaria perpetrado por el Banco Nacional de Suiza, me gustaría ampliar el tema que tocaba de pasada en los últimos párrafos: a saber, ¿por qué el patrón oro es el sistema monetario más justo desde un punto de vista político?
ROBERTO CACHANOSKY
Mucha gente suele preguntarme: ¿y cuándo explota esto? En rigor ya explotó, lo que ocurre que no es el mismo tipo de explosiones de otras oportunidades.
La gente tiende a imaginar que solo hay crisis cuando el blue se dispara, hay corrida bancaria, la inflación llega a los 3 dígitos anuales y la gente saquea supermercados. Pero en rigor hoy ya tenemos una crisis, con un desenlace, por ahora, diferente a las crisis anteriores. Las economías regionales paralizadas, el colapso del sistema energético, una recesión violentísima, aumento de la desocupación y la pobreza creciendo. Que por ahora la gente se tome esta decadencia con resignación, no quiere decir que no haya crisis.
También es cierto que los sectores que por ahora son los más afectados por la crisis no son de salir a saquear supermercados, cortar calles o romper comercios. A los sectores más revoltosos los mantienen anestesiados con suculentos subsidios que pagamos los que estamos en el sector formal de la economía. El desarrollo posterior de esta crisis se verá con el transcurso del tiempo, pero sin duda que estamos en una de las peores crisis de la historia económica argentina, en particular por la destrucción institucional que impacta de lleno en la economía. Para ponerlo de una forma más sencilla: no tenemos información de que en Cuba la gente esté saqueando supermercados (no hay que saquear) pero no por eso vamos a decir que Cuba no tiene una crisis económica.
Ahora bien, luego de tantos años de populismo desenfrenado, el próximo gobierno no podrá seguir el mismo curso. Por eso suena realmente estúpida esa frase que dicen algunos candidatos, cuando afirman: vamos a conservar todo los que está bien y a cambiar lo que está mal. Frase más idiota, superficial y de poco vuelo intelectual que es difícil superar en política. La gran pregunta que uno puede formularse es: ¿y qué es lo que van a conservar de este modelo? ¿El vivir con lo nuestro? ¿El constante aumento del gasto público? ¿El tipo de cambio real recontra atrasado? ¿El cepo cambiario? ¿La presión impositiva asfixiante? ¿Las retenciones a las exportaciones? ¿Los planes que estimulan la vagancia?
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