Economía

MANUEL HINDS 

Hay un dicho en anglosajón que dice que hay que tener cuidado con lo que uno pide porque se lo pueden dar. Mucha gente ha criticado el desbalance internacional de la economía de EE.UU., que por varios años ha importado mucho más de lo que exportaba, y ha pensado que por eso los países emergentes, que exportaban más de lo que importaban, iban a convertirse en los motores de la economía mundial. Esta gente nunca se detuvo a pensar que los que generan demanda en los mercados internacionales son los que importan menos de lo que exportan, ya que dejan un déficit en su producción que puede ser llenado por otros. Es decir, los que generan actividad en los mercados internacionales son los que compran, no los que venden.

Por supuesto, importar más de lo que se exporta tiene un problema: la diferencia se financia con préstamos, con lo que si la diferencia entre importaciones y exportaciones es muy grande, y si esta situación se prolonga mucho, el país afectado tiene que reducir su demanda de importaciones, aumentar sus exportaciones, o una combinación de las dos. Al hacerlo, por supuesto, reduce el mercado internacional que está disponible para otros países.

Desde los años noventa, varios países, incluyendo EE.UU., estaban en esa situación, demandando mucho más de lo que producían, con lo que se generó un boom internacional. Este boom creó una cadena de oferta. Algunos países, como Alemania y China aumentaron sus exportaciones enormemente vendiéndole productos industriales a EE.UU., España, Irlanda, Italia, Grecia y otros similares. En este boom, la demanda de materias primas necesarias para producir productos industriales aumentó muy fuertemente, causando booms en los países exportadores de productos primarios-incluyendo a Brasil, Rusia, y casi toda América Latina.

UNIDOS CON ISRAEL

Visto desde fuera, Israel es quizás el país más sorprendente del mundo. Nunca he estado allí, pero casi todo lo que leo sobre su historia, sus instituciones y su gente me asombra. Nada tiene sentido. Es maravillosamente ilógico. Y, para un economista, apasionante.

Mucha gente recuerda a menudo que Israel es la única democracia de Oriente Medio. Y es cierto. Pero a mí siempre me ha admirado más que también sea el único país próspero de la zona. Es que no hay cómo explicarlo: ocho millones de personas, metidas en una franja de terreno más pequeña que la Comunidad Valenciana. Tipos que en su gran mayoría salieron escapando de sus países de origen con apenas un puñado de posesiones. Familias que edificaron su hogar sobre el desierto más inhóspito. Rodeados de enemigos que querían acabar con ellos y que les obligaban a un esfuerzo económico para protegerse y a una dedicación de su tiempo que desde la confortable Europa Occidental no nos podemos imaginar.

Pues bien, esta gente ya tiene un PIB per cápita superior al de España. Y no sólo eso. Son el tercer país con más compañías en el Nasdaq, sólo por detrás de EEUU y China. Poseen una de las agriculturas más modernas y competitivas del mundo. Incluso han conseguido un sólido sector servicios que es capaz de atraer talento e inversiones.

Siempre he pensado que es exactamente el ejemplo contrario a la llamada maldición del petróleo, esa tendencia de los países ricos en recursos naturales a dilapidar los bienes a su alcance. Aparentemente, Israel no tiene nada: ni petróleo, ni oro ni minerales… Es que, por no haber, hasta escasea el bien más básico, el agua. ¿Cómo lo hacen?

MANUEL LLAMAS 

El auge de los partidos populistas, defensores de impagar la deuda e incluso abandonar el euro como solución a la crisis, no es un fenómeno exclusivo de España, tras la fuerte irrupción de Podemos en el mapa político, sino que también se extiende a Grecia e Italia, afectando así a buena parte del sur de Europa.

Las últimas encuestas electorales muestran que este tipo de formaciones lideran la intención de voto en Grecia, con los comunistas de Syriza a la cabeza, en España con Podemos, y se sitúan como segunda fuerza en Italia a través del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo.

Este crecimiento constituye un nuevo factor de riesgo para la estabilidad económica de Europa y la propia supervivencia del euro, ya que estos tres partidos abogan por decretar la suspensión de pagos y, en última instancia, salir del euro. El mercado, por el momento, no ha descontado dicha posibilidad y mantiene la calma gracias a las promesas que sigue lanzando el Banco Central Europeo (BCE) de que intervendrá comprando deuda pública en caso necesario.

Sin embargo, el ascenso al poder de alguno de estos partidos bien podría desatar una nueva e impredecible crisis en el seno de la Unión Monetaria, puesto que defienden abiertamente impagar la deuda y abandonar la política de ajustes y reformas estructurales que recomienda Bruselas, con lo que, una de dos, o bien estos estados reciben más dinero de las autoridades comunitarias para financiar su gasto público -con el consiguiente enfado de los contribuyentes del norte- o bien abandonan el euro para recuperar su autonomía monetaria. En cualquiera de los dos casos, la tormenta financiera está asegurada.

osopandaJOSÉ PIÑERA 

Cuando era un estudiante universitario en Santiago en la década de los 60, leí Capitalismo y libertad de Milton Friedman. Ese libro cambió mi vida. También ayudó a cambiar a mi país y al mundo.