HANA FISCHER

Una de las cosas que más indigna es la injusticia. Para darnos cuenta de que algo es injusto, no hace falta estar versados en filosofía política. Hasta los niños pequeños perciben de inmediato que la inmoralidad consiste en quitarle a alguien lo que le pertenece para dárselo a otro.

A lo largo de la historia la injusticia fue la norma. Aquellos que se apoderaban del Estado lo utilizaban para apoderarse del fruto del trabajo ajeno. Los mecanismos para lograrlo eran varios, pero todos utilizaban como medio a la fuerza, tanto la bruta como la legal. De ese modo se condenaba a las personas honestas e industriosas a vivir en la pobreza. Y simultáneamente, había quienes disfrutaban de bienes y comodidades que en rigor, no les correspondía.

En el pasado se implantaban esas relaciones abusivas en base a encasillar a los individuos en estamentos. La nobleza y el clero eran los sectores privilegiados, y el llamado “tercer estado” —que contenía a todos los demás—, era el que contenía a los no favorecidos por las autoridades.

Se luchó mucho para ponerle fin a esa irritante situación. Y en cierta medida se logró, gracias a la puesta en práctica de muchas de las ideas de los pensadores de La Ilustración. Estos filósofos pusieron al descubierto que la explotación institucionalizada desde el gobierno, no solo es una gran injusticia, un acto despótico que asola a la persona saqueada, sino también un estado de cosas que empobrece a la nación en su conjunto.+

La razón es clara: un individuo se esfuerza con el propósito de mejorar su propia condición y la de su familia. Pero si no obtendrá ningún beneficio de sus desvelos, a la corta o a la larga dejará de hacerlo. De ese modo los más capaces dejan de producir y los mediocres o incapaces, pero con buenos contactos políticos, se adueñan de la economía. Dada esa situación, ¿debería llamarnos la atención que ese país paulatinamente se vaya arruinando?

ALBERTO MANSUETI

"Antítesis del Foro de San Pablo ”

¿Quiénes somos?
Somos un equipo de liberales clásicos de varios países latinoamericanos, España y EE.UU. Muy variado también en su composición: entre nosotros hay políticos activos, estudiantes, técnicos y profesionales, empresarios, ahorristas e inversionistas, intelectuales y artistas, militares y policías, jueces y abogados, deportistas, profesores y maestros, médicos y enfermeras, pastores, rabinos y sacerdotes, y asimismo amas de casa, agricultores, empleados y trabajadores.

ENRIQUE KRAUZE 

El populismo en Iberoamérica ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica: "pueblo". Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón, quien había atestiguado directamente el ascenso del fascismo italiano y admiraba a Mussolini al grado de querer "erigirle un monumento en cada esquina". Populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez, quien venera a Castro hasta buscar convertir a Venezuela en una colonia experimental del "nuevo socialismo". Los extremos se tocan, son cara y cruz de un mismo fenómeno político cuya caracterización, por tanto, no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico, sino de su funcionamiento. Propongo 10 rasgos específicos.

1) El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. "La entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo", recuerda Max Weber, "no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, 'vive para su obra'. Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido".

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, "alumbra el camino", y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. Weber apunta que el caudillaje político surge primero en los Estado-ciudad del Mediterráneo en la figura del "demagogo". Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia es la causa principal de "las revoluciones en las democracias" y advierte una convergencia entre el poder militar y el poder de la retórica que parece una prefiguración de Perón y Chávez: "En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos tiranos fueron demagogos". Más tarde se desarrolló la habilidad retórica y llegó la hora de los demagogos puros: "Ahora quienes dirigen al pueblo son los que saben hablar". Hace veinticinco siglos esa distorsión de la verdad pública (tan lejana a la democracia como la sofística de la filosofía) se desplegaba en el Ágora real; en el siglo XX lo hace en el Ágora virtual de las ondas sonoras y visuales: de Mussolini (y de Goebbels) Perón aprendió la importancia política de la radio, que Evita y él utilizarían para hipnotizar a las masas. Chávez, por su parte, ha superado a su mentor Castro en utilizar hasta el paroxismo la oratoria televisiva

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BENJAMIN NETANYAHU

El Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos de América donde disertó sobre los desafíos de seguridad que enfrenta el mundo hoy en día. A continuación la traducción completa al español de su ponencia:

El Presidente de la Cámara John Boehner, al Presidente Pro Témpore Senador Orrin Hatch, a los Senadores por la minoría – al líder de la mayoría Mitch McConnell, a la líder por la minoría Nancy Pelosi, y al líder por la mayoría Kevin McCarthy. Asimismo quiero mencionar al Senador demócrata Harry Reid. Harry, es bueno verte de nuevo de pie. (Aplausos)

Por lo visto es real el dicho de que no se puede mantener caído a un buen hombre. (Risas)

Amigos mios, estoy profundamente honrado por la oportunidad de hablar por tercera vez ante el cuerpo legislativo más importante del mundo, el Congreso de los EE.UU. (Aplausos)

Quiero agradecerles a todos por estar hoy presentes. Sé que mi discurso ha sido objeto de mucha controversia. Estoy profundamente apenado de que algunos perciban mi presencia como unhecho político. Nunca fue mi intención. Quiero agradecer a Uds., demócratas y republicanos, por el apoyo común brindado a Israel, año tras año, y década tras década. (Aplausos)

Sé que no importa el lado del recinto en el cual se sienten, ustedes están con Israel. (Aplausos)

La destacable alianza entre Israel y los EE.UU. siempre ha estado por encima de la política. La misma, siempre debe permanecer por encima de la política. (Aplausos)

Porque América e Israel, nosotros compartimos un destino común, el destino de las tierras prometidas que eligieron la libertad y que ofrecen esperanza. Israel está agrecido por el apoyo de los americanos, del pueblo americano y de sus sucesivos presidentes, desde Harry Truman a Barack Obama. (Aplausos)