MARIO VARGAS LLOSA
Agradezco muy especialmente al Consejo de los Encuentros Lindau con ganadores del Premio Nobel y a la Fundación Encuentros Lindau por invitarme a dar esta conferencia, pues de acuerdo a sus "considerandos", han tomado en cuenta no sólo mi labor literaria sino mis ideas y opiniones políticas.
CARLOS ALBERTO MONTANER
Chile está dejando de ser la esperanza latinoamericana. Eso es grave para todos, no sólo para los chilenos.
HANA FISCHER
Los observadores internacionales suelen incluir a Uruguay entre los países latinoamericanos donde gobierna una izquierda moderada. Destacan las diferencias que existen entre los gobernantes de esa nación y los de la Alianza Bolivariana (ALBA), organización regional liderada por Venezuela y Cuba. Asimismo, la mayoría mira con beneplácito a José Mujica y su evolución, que de ser guerrillero en los años 60 y 70 se adaptó a las reglas de juego democrático.
Esa visión de la realidad es en cierta medida correcta. Sin embargo, muchas veces lo “visible” oculta los procesos que se dan bajo la superficie. Es por eso que hay que hilar muy fino para saber cómo son en realidad las cosas y en qué sentido se mueven.
La fuerza política que gobierna Uruguay desde hace 10 años es el Frente Amplio (FA). Es una coalición de partidos progresistas cuyo “pegamento” en un principio fue alcanzar el poder, y ahora el mantenerlo en forma ininterrumpida. En pos de ese objetivo no escatiman esfuerzos, y además en épocas electorales ocultan las profundas discrepancias que existen en su interior.
En el FA convive una izquierda moderna con una radical que añora volver a la “épica” sesentista. La primera es liderada por Danilo Astori, quien hasta ahora fue el encargado de la conducción económica. Es por esa razón que —a diferencia de lo que ocurre en Argentina o Venezuela por ejemplo— la economía nacional ha sido manejada con racionalidad. La segunda corriente la integran el Movimiento de Participación Popular (MPP), liderado por Mujica, el Partido Comunista y otras agrupaciones menores.
MÓNICA MULLOR
Sin duda la escuela finlandesa sigue siendo la estrella indiscutida del firmamento educacional europeo. Además, sus excelentes resultados se obtienen con un gasto por alumno que se encuentra dentro de la media de los países de la OCDE. Ello prueba un hecho fundamental: que las deficiencias educacionales muchas veces no dependen de un problema de recursos, sino del uso de los mismos. Algunos gastan mucho, pero lo hacen mal, mientras que los finlandeses gastan medidamente pero lo hacen bien.
¿Qué factores y características explican la excelencia de la escuela finlandesa?
Este es el tipo de cuestiones que deberían estar en el tapete con la reforma educacional del gobierno de Michelle Bachelet si es que realmente a la Presidenta le preocupase la calidad de la educación chilena. Pero no, todo gira hoy en torno al interés de hacerse con el poder sobre la educación mediante su estatalización.
Las claves del éxito de la escuela finlandesa hay que buscarlas en una serie de elementos que se combinan para dar ese resultado. El primero de ellos es la altísima calidad del personal que forma a los maestros. Los profesores de las facultades de Pedagogía son, en su gran mayoría, doctores. Además, los finlandeses cuentan, según el QS World University Rankings 2013, con una universidad entre las 75 mejores del mundo mientras que… ¡Chile no cuenta con ninguna entre las 150 mejores!
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