GABRIEL BORAGINA
La palabra capitalismo se ha prestado, y desde épocas posteriores a K. Marx (quien habría sido el más prolífico divulgador del término) a interpretaciones de las más variadas y contrapuestas en su significado.
A continuación, vamos a examinar someramente algunos de los distintos sentidos que se le han dado a la fórmula compuesta por las expresiones capitalismo, por un lado, y estado, por el opuesto, y que es lo que han pretendido obtener los autores que emplearon este enunciado con la fusión de ambos vocablos.
Comencemos con la visión de un socialista al respecto:
En los países de capitalismo privado monopolista la clase obrera dispone de un mínimo de libertades democráticas… y que son, aunque limitadas, suficientes no sólo para tomar conciencia de la explotación a que es sometida, sino también para organizarse y luchar contra ella. En cambio, en los países de capitalismo de estado burocrático, mal llamados ‘socialistas’, la clase obrera no dispone de esas posibilidades. No puede hacer huelga. Sólo puede organizarse en sindicatos que son meras correas de transmisión del aparato estatal y del partido único, y comparados con los cuales eran auténticos paraísos democráticos los sindicatos verticales de la dictadura franquista (AFS: 156).[1]
Estas palabras de Semprún revelan con total claridad el grado de confusión conceptual y terminológica que tienen todos los socialistas (marxistas o no marxistas) sobre el verdadero significado de la palabracapitalismo. El capitalismo, desde luego, es privado si se entiende desde el punto de vista de los derechos de propiedad. Pero es público en tanto y en cuanto se visualizan los extraordinarios y enormes beneficios del sistema para el conjunto de la sociedad donde se aplique.
ALBERTO MANSUETI
“La derecha es el brazo político de los ricos”, piensan muchas personas. Eso es lo que han dicho y siempre dicen los socialistas. Pero es una verdad a medias. Hay dos clases de derechas en la política: la buena y la mala.
La mala es la derecha mercantilista, y de esa es cierto lo que dicen los socialistas: los ricos usan el gobierno para darse a sí mismos privilegios, beneficios y prebendas, y esa es la parte de verdad en lo que dicen los socialistas. Aunque muchas veces, quienes usan el gobierno para darse a sí mismos privilegios, beneficios y prebendas, son los “intereses especiales”, y muchos de ellos son de izquierdas, como el ecologismo, el indigenismo y el feminismo.
La otra derecha, la buena, es la derecha liberal. Parte del principio básico del buen orden social: la separación entre lo público y lo privado. Los liberales pensamos que la esfera de los negocios públicos debe ser independiente de las esferas e instituciones privadas, que son las empresas, bancos, escuelas, iglesias, sindicatos, medios de prensa, etc., que se encargan todas de negocios privados. Y que los Gobiernos deben limitarse a la protección de los verdaderos derechos humanos: a la vida, la libertad y la propiedad.
A este fin desempeñan los gobiernos sus funciones propias naturales: proveer seguridad, externa e interna a personas y bienes; administrar justicia pública en base a unos pocos códigos y leyes razonables, justas, e iguales para todos; y tomar a su cargo la construcción y mantenimiento de ciertas obras de infraestructura física.
ROBERT A. LEVY
El liberalismo es una filosofía política basada en las siguientes posturas: Los individuos adultos tienen el derecho y la responsabilidad de decidir sobre las cuestiones importantes acerca de sus propias vidas, pero no pueden violar los mismos derechos de otros.
George Chaya
Si algún sentido tiene el derecho a resistir las tiranías, con toda seguridad puede sostenerse que este derecho le asiste a los ciudadanos cuyas dirigencias a través de la historia van agotando los medios pacíficos para evitar la muerte de personas inocentes.
Esto es claro en Venezuela, donde el populismo chavista fue sincero con sus postulados al mostrarse dispuesto a reprimir a sangre y fuego las demandas democrática de estudiantes y trabajadores. La tragedia venezolana muestra palmariamente como se niega y arrebata al pueblo elementos democráticos esenciales como la libertad y el derecho a intervenir en asuntos sociales fundamentales cuando un sistema político es manejado por un gobierno pretendidamente revolucionario. Este antecedente es una constante a través de la historia donde la izquierda nunca pudo contener una crisis generada por propias políticas sin recurrir a la represión armada y, por lo general, acabo tiñéndolo todo de sangre tanto igual que las dictaduras de derechas.
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